Ahorro
Sus pupilas se dilatan al ver la cantidad de monedas que Rolo, el quiosquero de mitad de cuadra, le da junto a los cigarrillos largos de su madre. Con ella había arreglado la entrega, sin reclamo alguno, de todas las monedas que hubiese de vuelto en cada uno de sus mandados. "Debe haber cómo $1,50 ahí. El cerdito de cerámica reirá cuando le coloque cada una de esas brillantes monedas". El cerdo no ríe, nunca ríe, solo Peto ríe, el jovenzuelo se ve de superlujos cuando coloca sus subdesarrollados ahorros y cierra extasiado sus dos inexpertos ojos al escuchar el tintineo que produce el metal al caer sobre la cerámica coloreada. Con cada moneda calcula y especula sobre el monto final: "En dos días más tendré que sacrificarte amigo. Tú sabes que no es personal, son sólo negocios." Los dos días pasaron y el frágil lomo del cerdo estalla al amanecer por las fuerza de Peto y la complicidad del martillo de papá García.
-¡Mamá dónde están mis monedas!
-¿Qué queres ahora?-resignada pero principalmente molesta pregunta Berta mientras recorre el pasillo que separa la televisión de la habitación de su niño.
-¡Mis monedas no están, buaaaa!
-¿Cómo que no están tus monedas? Fíjate bien si queres que compremos tus muletas.
-¡No encuentro ninguna moneda, buaa!... ¡Acá encontré un papel!
-Dame acá-ordena la madre mientras coge el papel-, dejame ver qué dice.
Usted contrajo una deuda con Ahorros Organizados al realizar ahorros no declarados. Pronto recibirá noticias nuestras...
-Ringggg-interrumpe el timbre de la puerta.
-¡Buaaa! ¿Qué dice el papel?
-Espera que voy a abrir la puerta-la señora aun sin comprender el mensaje leído se dirige a la puerta de entrada.
-Ringgggg
-Dejemos de apretar el timbre que no es carnaval-le grita a la puerta antes de abrir.
-Ya era hora- un elegante hombre con distinguido traje, impecable sobretodo e importado maletín entra en el hogar-Hola, ¿puedo pasar?
-Ya entró y realmente no es un buen momento, así que sino se ofende, le voy a ir pidiendo que se vaya retirando calladito y no vuelva jamás.
-Yo puedo ser la solución de su mal momento, todo depende de su voluntad.
-Mi voluntad es dejarle salir pacíficamente de esta casa, y cito la palabra paz pues si usted dispone quedarse más tiempo, ese contexto va a cambiar. Estoy pensando seriamente en ir a buscar mi obús semiautomático.
-Las armas son inofensivas contra las deudas, señora. El señor Peto García contrajo una deuda con nosotros y debe pagar. ¿El señor se encuentra en el hogar?
-¡Es un niño, qué señor!
-¿El señor se encuentra?
-Buaaa ¿Quién es mamá?-el niño renguea hasta la conversación de los adultos.
-¿Peto García?
-Ese soy yo.
-¡No tiene ningún derecho a hablarle a mi hijo!
-No se meta señora, y sí tengo derecho, pues es una obligación moral reclamar las deudas. Usted, señor Peto García, tiene una deuda con nosotros, sus ahorros ya fueron embargados y sólo queda pendiente el pago por la mora contraída al no declarar dichos ahorros. Si hoy usted no paga, financiaremos su deuda, si entra en mora una vez más cambiaremos absolutamente todas las notas de su boletín.
-Yo no soy usted, los abuelos son usted. ¿Qué significa mora?
-¡Embargado y encima con una deuda!
-Señora le dije que no se meta. Y usted no se haga el desentendido señor, Peto García, pues sus notas comienzan a cambiar. Recuerda el 8 en artes plásticas, ahora es un seis.
-Buuua. Por ese ocho...snif...le hice... snif... al señor Pablo un espectacular... snif... dibujo con temperas.
-Dejemos los gimoteos para los gimoteros, los deudores no pueden tomarse el lujo de llorar, ellos tienen que encontrar la forma de abonar sus obligaciones sino quieren ser unos fracasados por el resto de sus días.
-¡Buaa... yo no quiero ser ningún fracasado mamá!
-Entonces pague. Acá le dejo el cronograma y los lugares de pago. Qué tengan buen día-elegante desaparición del letrado en la espesa negrura del pasillo.
Madre e hijo se miran y permanecen estáticos hasta que el niño quiebra el hielo con elocuencia:
-Snif... No te preocupes mamá, seguiré con las dos viejas muletas y encontraré la forma de pagar. Dame la mano, vamos a ver la tele que empieza: El destino es una mujer desconsolada por la pasión a los zorros.

