Algo le sale bien
¡Nada me sale bien en esta vida! Grita y se da vuelta en dirección a su dormitorio rosa. Frente a su cama de cojines con forma de corazón se levanta la blusa blanca de la presión del cinturón de hebillas encastrables y desprende uno a uno los botones que simulan nácar mostrando la caída de su durazno seno, como el sostén es de adorno ambos se sostienen por gravedad propia, lo oscuro de sus duros pezones se balancea con la resignada respiración. Roberto sostiene su mirada flameante por la conversación entablada durante la cena de mariscos. Elena tironea firmemente y con un certero golpe a la hebilla suelta sedosamente el cinturón de las tiras de su pollera ajustada mientras piensa que es ella quién tiene razón. Él olvidó momentáneamente quién tenía razón al ver la pollera gris deslizarse por sus levantados y apretados cantos. Ella se encuentra en ropa interior mientras desea mojarse y olvidarse de todo el asunto. Se desnuda y a él le tiemblan las piernas por sostener firme su estúpido orgullo. Se lleva la mano a la estaca y acomoda su erecta carpa. Ella nota este comportamiento y se acuesta en la cama. Él es un perfeccionista y a su estaca no la suelta, su mano asciende y desciende al verla separarse los labios y buscar la semilla de su cereza entre las piernas. Un torbellino primario deshace a la carpa y su mano sujeta la erguida y desnuda estaca. Ella se moja. Él también, a la distancia.

