Aristas de un artista al cubo
Reciben la nublada cabeza sus intranquilas manos y frota sus tormentosos ojos con las palmas preparadas. Esta noche Ricardo debe escribir, sólo espera una idea que ilumine la habitación y permita el libre desenvolvimiento de su experiencia. Desde los ángulos que forman la pared de su derecha y el techo, se materializan dos delgados hilos de seda rojo, recorren lentamente el ambiente cruzando sobre su agachado cuerpo y finalizando el recorrido sobre las metálicas persianas de su derecha. Al levantar la cabeza siente el roce de los hilos sobre sus cabellos, atemorizado observa en dirección de la dulce caricia; percibiendo inofensivos los hilos se anima a tocarlos, los toma entre sus dedos, los siente firmes probando sus fuerzas, se cuelga sobre ellos subiendo en determinado camino, en la cima mira la prolongada caída y se lanza de bruces. ¡Iujuuu!, exclama a las cuatro paredes mientras observa a las ventanas abrirse hacia el patio. Sale despedido a una habitación completamente forrada con dolarizado césped. Lo verde aminora físicamente el golpe de su rauda caída; en posición contraria sumerge a su parte mental en suposiciones místicas: "No recuerdo haber hecho esta remodelación en el patio; me supone hippiesmo o fútbol, la filosofía de los deportes y el rock & roll son de mi agrado, sin embargo, a este encierro lo encuentro tétrico y asfixiante, entre estos pastitos debe haber alguna entrada de aire". Tantea el césped buscando por donde respirar mientras escucha el murmullo de la multitud clorofílica que entona:
(Léase con ritmo tropical y voz de Roger Waters.)
Absorberemos tu aire de artista,
Eliminaremos tu duda existencial
Duerme joven, duerme y descansa
Pronto serás polvo, pronto serás vegetal.
Fila, fila, fila, canta la clorofila.
Con este pancho van cuatro y seguimos cantando:
Fila, fila, fila, aguante la clorofila.
Artistas no son todos y unos menos que otros.
Y se repite hasta que el Sr. Rogelio Aguas disponga.

