Bi D.T.
Alberto siente como se disgrega en su estomago el cordero patagónico con salsa agridulce, interrumpe la conversación con el licenciado Gutiérrez y se disculpa por una momentánea ausencia. Gutiérrez asiente torciendo la cabeza a un costado, muestra su empalagoso postre moviendo su labio hacia la derecha y con un leve aleteo de su mano le permite la exploración por las tuberías de desagote; luego se queda observando como su compañero camina hacia al baño mientras disimuladamente se desabrocha el cinturón mostrando lo provechoso de su vida. Alberto entra al sanitario y se mete en el primer cubículo que encuentra vacío; se suelta su cinturón, luego el botón y rápidamente abre el cierre, se sienta cómodamente en el trono y del bolsillo de la camisa extrae su lectura pasatista."Normas, toda organización tiene sus normas. Mi trabajo debe ser dictaminar esas normas, lo menos que puedo hacer es leerlas-comienza a hojear las papeletas-... ¡Interesante!"
Media hora después, nuestro protagonista se encuentra realizando una percusión en sus muslos mientras silba la canción del ascensor de su trabajo. Mira a su izquierda y sólo ve la pared de su cubículo, reza una plegaria y con temor mira a su derecha. El rollo de papel higiénico se encuentra completo. Alberto putea y se queda pensando la forma de limpiarse. "¡Eureka, la puta madre!"-festeja mientras abre la puerta y recorre con la vista el baño-¡No hay moros en la costa!" Se levanta su pantalón de vestir hasta su pelvis, guarda a su compa y camina hacia las piletas de lavado. Se sube a la pileta más alejada de la puerta de entrada, hunde su trasero en la concavidad, abre la canilla y mojando sus dedos se los pasa por el ano. Comienza a mirar temeroso en todas las direcciones y apura su trámite al caerle una gota de sudor por su mejilla. Un inentendible comentario de su estomago le sugiere la no finalización del descarte fecal; se sube los pantalones y vuelve a su cubículo favorito, se sienta en el trono y suelta con satisfacción los desechos. Mira el papel higiénico y comienza a reflexiona la opción de no tener que repetir tan humillante procedimiento."Los restos hay que dejarlos ir, que se mezclen con los restos de otros y que se pierda completamente el rastro. Nada debe quedar registrado en el papel, pues se puede volver en contra de uno- se sube los pantalones y camina agachado a su provisorio bidet, trepa sobre éste y comienza a masajearse con agua el esfínter. Alguien vestido con un poncho entra al baño y lo primero que ve es a Alberto en cuclillas sobre una de las piletas de manos. Ambos permanecen mirándose. Alberto toma su intercomunicador y llama a sus muchachos. El hombre del poncho pide disculpas y se retira. Al rato entran Bobby y Rolly abrazando nada amablemente al mirón. "¿Qué hacemos, jefe?-al unísono hablan ambos lacayos arrojando al pobre hombre contra el piso-¿Le practicamos el método Ricardo?" Alberto reflexiona un instante y cruzándose los brazos toma la posta: "Aun no, muchachos. No todo se consigue con la violencia, ¿no es cierto?- le pregunta al temeroso hombre" "Es cierto- asiente la victima mirando a los dos guardaespaldas" Los forzudos clones le gruñen; mientras Alberto continúa con su amedrentador relato: "Vos no vas a decir nada de lo que viste acá, ¿no es cierto?" "¡Nada, no diré absolutamente nada- Poncho traspira por lo caluroso del ambiente, y disimulándolo agrega-.Aquí no ha pasado nada!" "No te creo-Alberto niega mientras menea su cabeza." "Nosotros tampoco, jefe-los forzudos imitan el gesto y golpean sus puños." "Todos a favor de no creerle." Alberto y los lacayos levantan sus manos demostrando la superioridad de la situación. "Yo estoy en contra- deja escapar Poncho." "Tú, cállate. Ahora vas a ver lo que le pasa a los mirones. Muchachos, desmiémbrenlo y aplíquenle el método Ricardo" Bobby y Rolly toman sus navajas suizas, cortan pequeños trocitos de Poncho y los arrojan al inodoro favorito de Alberto. "¡Ese no! Usen el inodoro que está al lado" "Sí, jefe-ambos lacayos mueven el cuerpo agonizante al cubículo próximo."Alberto regresa a su inodoro favorito. Pasados el tiempo en que se tarda en desaparecer un cuerpo bajo el método Ricardo (más o menos unos 6 minutos), Alberto se higieniza y regresa a su reunión de negocios. El licenciado Gutiérrez tras devorar su quinto postre, se encuentra hundido catatónicamente en su sillón. Nuestro protagonista se sienta a la mesa y patea la pantorrilla de su socio momentáneo: "No se preocupe, licenciado Gutiérrez, mi mano derecha se levantará bien alto en la próxima sesión." "Eso espero-el licenciado junta sus manos." "Si me disculpa; tengo gente esperando" "Vaya nomás, Doctor Alberto; pero sepa que los compañeros lo apoyamos y que cuando sé apruebe el asunto, usted recibirá su compensación. ¿Quiere un recibito?" "Nada por escrito. Confío en usted, licenciado. Hasta luego- Alberto aleja la mirada, toma con galantería su intercomunicar y habla. Instantáneamente sus dos lacayos como resortes vivientes se plantan a su lado-. Trae el vehículo." Segundos más tardes un lujoso auto al mando de Ricardo se estaciona en la puerta del vistró. Alberto y sus lacayos se colocan al mismo tiempo sus anteojos negros y comienzan a silbar su marcha mientras se pierden entre los rayos de un sol cada vez más cegador. Ricardo, sólo mira.

