El Don
Necesito a esa pendeja, me es indispensable si mi deseo es poder sobrellevar por una noche lo plúmbeo de las ropas. El timbre de la puerta es el amanecer de los sentidos despertando tardíamente en la posesión de mis esperanzas. La duración del otoñal pasillo prolongan mis deducciones sobre las formas de tus poses felinas, dilema ante mí: llevas un sobretodo y contigo a tus sucios secuaces, temes recorrer el trayecto con la sola compañía de tu propia y vulgar persona. En cambio yo me desarrolle soportando la carga aislado, solo. De todas formas tú eres de los míos, llevas sobretodo y te agrada la admiración de la inexperiencia. No me será difícil enmarañarte en mi discurso cazando las sospechas y los testigos en pos de mi inocencia, podré captar tu dudable atención con algún papelito coloreado. El intercambio de mis proezas infantiles registradas me suministra demasiados papelitos coloreados, tengo los suficientes para ti y para tus sucios secuaces.
-Bueno, bueno, bueno, que nosotros no somos ningunos sucios, ¿nos entendemos?-aclara Benito demostrando la calma seguridad que lo caracteriza.
Holgazán Benito, revuelve mis entrañas su tranquila presencia, actuando constantemente como el gato ladero de Don. Asquerosos detectives gatunos lo han conseguido, aquí tienen, llévenselo todo... y llévenle su porción al Sargento Matute.
Otro caso ganado por la autoridad de Don gato y su pandilla con respecto a la exhibición de imágenes pornográficas a los menores de edad en horarios de protección a la familia (Si las quieren pasar después ¡está bien!)

