Lisandro ¡Ahì ando!
Lisandro desayuna su té, come las tostadas con dulce de leche y camina rápido a la entrada de su casa. Al abrir la puerta, su madre le recrimina lo abrigado que sale con tan caluroso día, él no contesta, se coloca los auriculares del tocadiscos portátil y apura su escapada; suenan las melodías de Jefferson Airplane, White rabit. Al llegar a la esquina, uno de los adoquines le grita:-Chicas, chicas- y le entrega una tarjetita. Lisandro no presta atención y sigue su camino. -Señor- lo detiene un semáforo elegantemente vestido de negro y amarillo. -No se pierda esta oferta. ¿Cuántas veces se te puede presentar un vendedor cómo yo y con una oferta cómo esta: tres posters grandes de Goku a 5 pesitos?
-A vendedores como vos me los encuentro en todos lados. Buena oferta, pero no tengo plata conmigo, le agradezco igualmente-Lisandro intenta alejarse.
El semáforo tuerce su metálico cuerpo y detiene su huida colocando los tres ojos luminosos frente a la cara-5 pesitos. Con esta inflación, $5 pesitos no te alcanzan ni para un café y yo te ofrezco 2 posters de Goku, y por que me caíste bien, uno de Vegeta.
-No llego- Lisandro muestra su reloj-, se me hizo tarde-y se aleja calle abajo.
-¡Más cuidado, bruto!- le recrimina la rampa para discapacitados-.Me estas pisando y ensucias mi vestido.
-¿Cuál vestido?-pregunta un tanto ofendido- Yo sólo veo un plástico berreta.
-Berreta será tu hermana. Este vestido me lo hizo el más importante sastre de Paris. Y a todo esto, podes dejar de pisarlo, lindo.
Lisandro salta a la calle y un colectivo con los colores del arco iris lo esquiva y le grita:-Prestemos más atención, flaquito, si no queres que te pasen por arriba.
-Lo siento- se disculpa y salta otra vez a la vereda. Por la inercia del salto realiza un paso de tango involuntario, trastabilla y se toma de un árbol para no caer. El árbol con verdes hojas abre sus ojos y lo increpa:-¿Quién te haz creído, pervertido?- Es una señora árbola pues con voz aguda continúa diciendo:-¡Sacame las manos de encima, lujurioso!
Lisandro echando humo por sus sienes, quita las manos de encima y decide regresar a su casa al ver que la ciudad se la ha puesto en contra. Pasa todo el día esperando que se termine. Se levanta al día siguiente y esta vez decide no mezclar el té con el dentífrico y no se limpia los dientes, toma su té y el día le sonríe distinto. Todas las cosas le sonríen, llega a su trabajo temprano y es durante todo el día feliz. Por eso chicos, no se laven los dientes antes de desayunar; se los digo yo que las tostadas ahora las hago papilla con el tenedor porque ya no puedo masticarlas.

