Los recibos color caoba
"Exactamente no sé cual es el precio de mi talento, pero hoy te digo que vale 2000 pesos, dos de los grandes y te garantizo que dejaré una marca tan profunda en alguna persona que en el futuro será negocio para ti... Así me gusta, venga el dinero. ¿Queres recibo?... O quey, ahora te traigo uno oficial... ¡A él oficial!-buchonea el artista-... Bastante efectivos los agentes del ente regulador de recibos color caoba en apresar al sospechoso de actos irregulares"... El chiste finaliza con un prolongado silencio en el iluminado salón. Sólo el ejecutor de la humorada ríe, y no lo hace con la intención de expresar felicidad, pues se encuentra inmerso en una situación realmente incomoda, y mas aun, cuando la reunión comienza a buscar atención en lugares bajos de compasión. Vergüenza ajena dirían las malas lenguas; me gustaría por respeto a los sentimientos del personaje llamarla: Piedad. Piedad entró en la vida de Ricardito a la edad de seis meses (Dicen que son los instantes fundamentales en el desarrollo de la personalidad...-¿Estas seguro de lo que decís?-¡No, pero no importa porque la historia es de un bebé!) De Ricardito cuando era bebé. Recordemos los momentos de prematura y alegre inocencia; retrotraigamos el pensamiento a aquellas siestas cuando uno se podía despertar a la hora que uno quisiera y entonaba un furioso canto sólo para saber que alguien siempre venia en tu ayuda como un superhéroe con tetas. En cambio, cuando Ricardito reía nadie acudía en su ayuda, sus padres nunca entendieron que el pequeño se reía cuando tenía hambre; o si sentía humedad en la entrepierna bailaba cómo un arlequín pero en prolongada carcajada. Los padres pensaban que estaba jugando con su precoz imaginación y lo dejaban realizarse en su jolgorio, "¡Si ríe se está educando!" afirmaban mientras agradecían tener un niño que no llorase y que lo único que hiciese fuese reír. Ricardito los estaba llamando con su risa y ellos nunca comprendieron el alerta de señores padres que mostraba la carta de su ironía. El bebé era un artista incomprendido, un bohemio que sigue sus propias reglas. 30 años después lo llaman boludo y Ricardito es feliz. "Si el significado de la vida no se comprendió ¿cómo saben cuál camino es el correcto?" se preguntaba mientras escuchaba la conversación de los demás invitados. El chiste simplemente fue una expresión desde su anonimato, se vio obligado a decir algo si quería dejar buena impresión y poder retribuir su alimento nocturno. "Comen bien estos sujetos" se afirmaba y al mismo tiempo se envalentonaba a decir algo que los deje a todos boquiabiertos y luego le digan: ¡Te pasaste, Ricardo! "Agradece los alimentos Ricardito, mientras tengas para comer vas a estar bien; cautívalos y Ellos te invitarán a más reuniones. Un alimento por una sonrisa es una buena forma de subsistir; hay gente que regula los recibos color caoba y hay gente que hace reír, ambos son igualmente necesarios... Yo cuento el chiste de los recibos color caoba y los dejo a todos pasmaos" se afirmó Ricardito antes de empezar el cuento.

