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Sabor

por Tily
domingo, 30 de diciembre del 2007 a las 00:11

Sabor

-Dejo la plata del alquiler sobre la mesa del living y te saco una gamba ($100) para unos gastos-. Este sujeto se llama Roberto, él tiene las obligaciones de una persona de 24 años y en las 24 horas al día jamás las realiza. La vagancia y la televisión son parte de su estilo de vida, el soporte de su madre amasa las ansias de progreso y la televisión narcotiza su estadía. Su novia no juzga sus quehaceres domésticos, su progenitora menos aun por proporcionárselos, sólo sus amigos cuestionan su accionar a lo que él les responde: "No consigo un trabajo estable porque todas las empresas son burguesas explotadoras de asalariados que crean desocupación obteniendo un mercado más amplio de trabajadores, a los cuales les pagan cada vez menos centavos por jornadas laborales cada vez más amplias; de esta forma obligan al Estado a modificar las leyes laborales estampandote una ley del tipo: Yo te puedo echar, no te doy ninguna explicación y encima no te pago un carajo. No hay forma de cambiar este sistema capitalista explotador, cada vez más, los medios de producción están en menos cantidad de manos y así no se puede laburar tranquilo" Y si alguien le comenta: Hay unos cursitos para revolucionario en la Universidad Social y Anarquista, ¿por qué no te capacitas y cambias el contexto?, él contesta: "Te explicaré el porqué (pose de fotografía mirando al costado)... El mundo está lleno de ingenieros manejando vehículos transportadores de personas monótonas, es mejor transportar el anonimato que buscar la prosperidad y chocarse con el fracaso" Roberto Dixit.

-Gracias Robertito. Sentate a la mesa que te prepare un delicioso almuerzo-. Este encantador ser se llama Luisa, siempre tan radiante, siempre tan coqueta: "No encuentro razones para no estar presentable en mi propio hogar. Hasta cuando limpio el baño con productos Lanco  tengo un vestido que hace juego con la cortina de la ducha" Luisa Dixit. Ella es la herencia de acomodados terratenientes fanáticos del culto Llijita Negrand, por lo tanto, se imaginaran que los usos y las costumbres de esta señora son anteriores a su nacimiento; Llijita, la familia y las rentas son las prioridades, mientras le rece cuando es debido el dios permanecerá estático en su lugar, las rentas se mantienen solas y la familia: su esposo desapareció y solo su hijo queda. Su hijo es el único registro de su existencia, mientras lo tenga cerca habrá alguien que la recuerde y homenajee cuando ella ya no esté.

-Querido, ya prendí una vela y puse tu plato con los macarrones que tanto te gustan, apurate para que podamos agradecer la comida que nos otorgaron antes que se enfrié.

-Ahora voy a morfar.

-Morfar ¡ji ji ji! Cómo se expresan los jóvenes de ahora. Significa comer, ¿no?

-¡Muy bien!-se acerca el muchacho con aires de grandes logros.-Con tu respuesta ganaste un electrodoméstico.

-¿Cuál electrodoméstico?

-Olvidate. ¿Podemos empezar?

-Los dedos a la pera.

El joven delicadamente se lleva a la pera el dedo índice y anular, ambos con anillos de materiales nobles y piedras preciosas, menea la cabeza de un lado al otro y espera que su madre hable.

-"Gracias Llijita por este plato que Tú desde la majestuosidad de tu mesa nos has otorgado, gracias por los macarrones que tus sabios iluminadores nos han mostrado y gracias también a tus virginales sirvientas que nos han ofrecido el queso y nunca osaríamos despreciar porqué es de su tierno seno"... ¡Negrand!

-¡Negrand!

-Ahora puede comer... ¿Cómo va a ser tu día, hijito?

-Me va a pasar a buscar mi chica y nos vamos a ir por ahí-esto es lo que contesta Roberto mientras piensa: ¡Qué carajo te importa vieja! Encárgate de no perderte la novela y déjame en paz.

-¡Qué simpática me parece Cristina! ¿Cuándo me vas a presentar a sus padres? Seguro que ellos se querrán reunir conmigo también. ¿Por qué no le decís a Cristina que venga con sus papás a comer el domingo? ¿Te parece bien el domingo? ¡Qué cena les voy a prepa..

-El padre trabaja mucho, se la pasa viajando y esas cosas, no tiene tiempo para hacer sociales.

-Pero un día debe tener. Yo me moriría por conocer a los padres del novio de mi hija.

-Ellos son profesionales y vos no.

-Bueno..., sí..., pero cómo ha cambiado todo, tu abuelo no me permitía ni hablar con un hombre si no conocía a sus padres primero, por suerte tu pad...-corta la comunicación, se levanta, mira los platos, los toma y camina amadecasamente hacia la heladera-¿Terminaste?

-Sí-contesta el joven asombrado mientras de mete el ultimo macarrón en la boca.

-Te alcanzo el postre.

-Estabas hablando de papá.

-A esta edad recordar se nos hace cada vez más difícil... Comete el postre querido. Cualquier cosa estoy viendo la televisión en el cuarto.

Roberto olvida el asunto de su padre y deglute sin sentir culpa la compota de manzana de su madre hasta que es interrumpido por el  timbre con sonido a lujuria de la puerta.

-Yo abro, querido. Vos quédate comiendo-se escucha la voz de la mujer y el arrastre de las ojotas desde su cuarto.

-Es Cristina, mamá. Déjame que yo abro.

-Está bien querido, yo me quedo en la habitación y me cierro la puerta para no molestarlos.

-Sí, mamá.

-Guarda la compota en la heladera después te la comes.

-Sí, mamá- responde Roberto mientras espera en la entrada de la casa el cierre de la puerta de su madre. -Por fin-abre el portón.- ¡Muñeca! Dame un poco de tu esencia deliciosa.

-Hola amor, ¿cómo estás?-entra en escena Cristina, rubia, alta, ojos celestes, buen trasero y mejores tetas, un orgasmo caminante en pocas palabras o por lo menos hasta que no abra la boca:"Mi futuro marido -Es muy posible que sea Roberto- me va a tener que dar uno que otro lujito en un periodo muy corto de tiempo. Sin mencionar que conozco las tendencias de países tan influyentes en el glamour mundial como Albania, así que sé lo que pido y mi conocimiento no tiene valor" Cristina Dixit.

-Y acá ando, cómo siempre luchando contra el sistema, lo bueno es que le saqué dinero a la vieja y ahora tenemos nuestros gastos cubiertos al menos durante una semana. Afuera hace frió, veni, vamos para el sofá así entramos en calor.

-Sofá, calor, ¿en qué estarás pensando?

-Tú sabes... Veni, sentate cerca de mí que estoy entrando en la temperatura justa.

-¿Tu vieja?

-Está en la habi....

-¡Hola Cristinita!-interrumpe la doña con gran algarabía.-Justo aproveché las publicidades para ir a la cocina a prepararme un té... ¡Pero mira qué casualidad! ¿Cómo estás?

-Bien señora. ¿Cómo está usted?

-Muy bien querida, gracias por preguntar... ¿Cómo están tus padres?

-Bien, supongo.

-Yo siempre le digo a Robertito que me encantaría conocerlos.

-Me parece que las publicidades terminaron, ¿no te vas a perder la novela?

-Esto es mucho más importante que la novela, son los padres de tu novia.

-Mamá ya te dije que los padres no tienen tiempo.

-Pero no creo que estén tan ocupados como vos decís.

-Mis padres trabajan mucho señora, igual les voy a preguntar si tienen un espacio en la agenda para que cenemos todos juntos.

-¡Ya te vas!-le increpa el muchacho a su madre.

-¡Qué feliz me harías si les decís! Yo les voy a preparar una cena exquisita... Mejor me retiro así no me pierdo el beso de Juan Antonio-acota picarona aunque siempre recatadamente-... Me pone muy contenta verte bien querida, espero volver a verte pronto.

-Adiós señora.

La mujer a un paso cansino desaparece en la oscuridad del pasillo que da a las habitaciones.

-Mis viejos no van a querer venir a comer.

-Ya lo sé amor, es la vieja y sus reglas del tercer Raid.

-¿Raid?...

-El alemán de bigote.

-Bueno, hablando de raíz, ¿a vos te gusta el color de mi pelo?

-¡Me fascina!

-Entonces vos sabes que me tengo que hacer la tintura todos los meses.

-Me parece perfecto que mi chica se preocupe por su belleza y cuánta belleza-dice con las manos extendidas y acercándose con propósitos húmedos.

-Vos sabes que me ocupo mucho-lo recibe y con un leve beso lo despide hacia atrás-Hoy a la mañana estaba pensando en que está por llegar la fecha de ir a la peluquería, pero lamentablemente el otro día pase por Conzumix y había un vestido tan lindo. ¿No sabes cómo me levanta el escote?

-¡Uuuu, este escote!-los dedos comienzan una carrera desenfrenada para liberar los redondos prisioneros del ropaje.

-Me queda hermoso-quita suavemente las manos inquietas y abotona nuevamente su blusa-Me gasté todo el dinero en el vestido y la tintura la necesito ya.

Roberto se desvive por darle todos los lujos a su niña mimada, no puede ver la cara que le pone cuando le pide algún caprichito (Cristina asistió de adolescente al colegio Señoritas de las Altas Tierras cuya institución enseña a realizar majestuosos rostros para conseguir todos los anhelos). Además él siempre se encuentra pensando en su termómetro corporal que a esta altura marca la temperatura más que recomendada para un rápido y compartido reposo, siendo la entrega del efectivo el machete que dejará el camino libre para la soltura de prendas que recetan los galenos en el caso.

-Sí belleza, lo que vos quieras, princesa, aquí tienes el dinero.

-¿Queres qué vayamos a la habitación?-pregunta Cristina empujando el dinerillo dentro de su escote para que sus esféricos presos lo custodien.

La pareja se encaminan hacia la habitación a los besos y arrumacos candentes. Nosotros iremos a ver con que situación nos deleita Luisa y su amante de rayos catódicos.

-¡No, Maria Rosario!-grita Luisa-¡No lo perdones, él viene de dormir junto a Clara Esther!... Este Norberto Alberto es un bastardo, no es como Juan Antonio, por Llijita, nadie es cómo Juan Antonio.

Martirio Azul. El principio de las tendencias...

-Siempre ponen las publicidades en los momentos menos indicados.

Tuc, tuc, tuc...

-¿Ese ruido?-se pregunta mientras baja el volumen del televisor.

Tuc, tuc, tuc...

-No viene de la tele-se calza sus chancletas y se dirige hacia la ventana.

Tuc, tuc, tuc...

-Tampoco es de afuera, tiene que ser de adentro de la casa. ¿Qué estará haciendo Robertito?-abre la puerta y sale al pasillo, lo recorre haciendo el menor ruido posible deteniéndose en el cuarto de su hijo.

Tuc, tuc, tuc...

-¡Es de acá!-apoya su oreja en la puerta.

Tuc. Ah. Tuc, tuc. Ah...

-¡Eh, qué es eso!... ¡Están haciendo la porquería sin la venia de Llijita!... Estos están yendo demasiado rápido, si hace sólo cuatro meses que se conocen ¿cómo van a estar haciendo la porquería? A este ritmo Robertito se me va a ir a vivir con esa antes de lo pensado... No me quedaré sola otra vez, no al menos tan rápido-golpea la puerta y espera alguna respuesta desde adentro.

Tuc. Ah... Tuc.  Mee... Tuc. Pareee... ceee... Tuc.  Queee.... Tuc. Gooool... peaaaaaaa.... rón.

Noooo... paaa.... reeees

Teodosia golpea de nuevo pero ésta vez con más intensidad.-Robertito, tenes teléfono.

Viejaah... deeeee... mierdaah.

¡Qué oportunahhhh!

Desde adentro abren la puerta y se asoma Roberto.

-¿Quién es?

-Me hablaron algo de una empresa, no sé muy bien.

-Deciles que esperen un minuto, ahora voy.

Luisa sonriendo camina hacia el comedor, toma el tubo del teléfono, se lo lleva hacia la boca y actúa Zorrillamente:

-Aguarde unos instantes, Roberto ya lo atiende.

 La señora se retira a sus aposentos. El joven llega al comedor a medio vestir y atiende.

-¿Hola?

Tuuu... tuuu... tuuu....

-¿HOLA?.... ¡El hijo de puta cortó, el muy hijo de puta me llama cuando no me tiene que llamar y encima me corta!

Para evitar el incremento de furia que la fracasada comunicación le provoca regresa a su habitación a terminar lo que se había empezado. Cristina se encuentra tapada en un estado relajado y con un cigarrillo prendido en su mano izquierda, pregunta:

-¿Conseguiste laburo?

-No, las mierdas capitalistas me cortaron.

-¿Cómo qué cortaron?

-Sí, cortaron la comunicación-se acuesta junto a su amada y se cubre con la sabana, mira el cuerpo desnudo de ella y prosigue-¿En qué estábamos?-su mano derecha se dispone a masajear uno de los senos descubiertos pero el piquete de los diez dedos de Cristina impiden la marcha.

-¿Cómo te van a llamar y luego cortar? Me parece muy raro, ¿no tendrá tu vieja algo qué ver?

-¿Qué importa? Sigamos con lo nuestro.

-¡Basta, ya se me fueron las ganas!

-Yo sé como pueden volver los deseos.

-¡No, ahora no!

-¿Cómo qué ahora no?

-¡Sí, cómo escuchaste, ahora no tengo más ganas!

-¡Pero no me podes dejar así!

-Te dejo así y de hecho me voy a ir yendo-se levanta de la cama y comienza a vestirse.

-¡Cómo qué te vas, si vamos a pasar la tarde juntos!

-Pasa la tarde con tu vieja.

-¿Eh?-con esta pregunta Roberto representa en su rostro lo más primitivo del ser humano.

-Tu vieja boludo o acaso no te das cuenta cómo te controla.

-¿De qué carajo hablas?

-Hablo de que estoy segura que no te llamaron de una empresa, fue todo un invento de tu vieja para que dejemos de coger.

-¡¿Pero qué boludeces decís?!

-No son ningunas boludeces. ¿Me abrís por favor?-termina de colocarse su blusa y abre la puerta de la habitación.

-Claro que te voy a abrir y si te vas va a ser la última vez que entras en esta casa.

-Será la última vez sino te das cuenta lo que pasa, en cambio, si sos inteligente me vas a llamar para pedirme perdón.

-¡Ni en pedo te voy a pedir perdón!

-Entonces qué tengas buena vida con tu madre.

-Lo mismo para vos-abre el portón y espera indiferente a que su ex salga.- ¡Chau!-tras el paso de Cristina, Roberto cierra con un portazo.

-¡Qué pendeja de mierda!, ¿quién se cree qué es? Yo no necesito a nadie para tener buen sexo.

Se encierra en su cuarto, se acuesta y deja a sus manos hacer su trabajo. Las asistentes personales le entran con gran esmero profesional, subiendo y bajando en un disfrute constante. Roberto cierra sus ojos con extasiada firmeza, muerde su labio en un intenso deleite, acelera la marcha, calor, transpiración, exhala exhausto y disminuye la velocidad, sus extremidades recorren otros rumbos. El aburrimiento triunfa captando toda la atención el estandarte primordial, ritmo salvaje de su ritual de la soledad, los gemidos dominan a los sonidos de fluidos roces, continúa escalando el monte por nevar, duda si llegará a la cima, está a cuestión de segundos, su cuerpo no soporta la carga y expulsa el torrente liquido en un acabado grito. Abre los ojos, una lágrima corre por su mejilla ruborizada y estalla el raciocinio:

-¡Cristina tiene razón!-grita y continúa pensando: Todo lo que hace mi vieja es para retenerme. ¿Cómo no me di cuenta?... Ella me mostró la verdad... y ahora no está conmigo. ¡Perdón amor, perdóname por favor!... Tengo que hacer algo para librarme de la vieja. Lo voy a hacer, al fin me voy a liberar de la vieja. Tengo que pedirle disculpas... Mientras espero que llegue a su casa  voy a pensar cómo lo voy a hacer... ¡Qué vieja decrépita, la muy hija de puta me cortó el polvo y encima me hizo pelear con mi nena preciosa!... ¡Qué linda mi chica!... ¿Cómo no me di cuenta? Hoy se hacía la boluda hablando de que quería conocer a los padres de Cris y ahora me hace esto. ¡Es una rata inmunda que no se merece vivir!...-¡Lo tengo!...-Voy a llamar a mi amor y luego al súper a descargar el odio.

Sale al pasillo y camina siendo lo más sigiloso posible, pasa por la habitación de su madre y la puerta se abre repentinamente.

-Robertito, ¿no quieren que les prepare algo para merendar?

-Cristina se sentía mal y se fue, yo no tengo hambre -contesta mientras piensa: No sabes la que te espera vieja, en toda tu vida te hicieron algo parecido..., ¡ja ja, en toda tu vida!...

-Cuándo quieras algo pedime sin dudar.

-Gracias mamucha,-¡Por suerte te queda poco!-voy a hablar unos minutos por teléfono y después me voy al super. ¿Queres qué compre algo?

-Gracias querido, pero no hace falta nada... ¿Qué amable estás?

-Es que tengo una madre muy bonita y buena.

-¡Mi querido!... Vaya, hable por teléfono.

Roberto camina hacia el comedor y su pantomima facial se torna nuevamente en su rostro más pesadillezco, o no, tal vez sea su más anhelado sueño. Toma el teléfono, marca y espera ternurarizando sus expresiones.

-¿Hola?

-Hola amor. Perdóname por favor, ¡perdóname!

-Qué vas a hacer, no sólo sirve pedir perdón.

-Ya sé, ya sé. Te pido disculpas por última vez, no se va a volver a repetir. Por fin lo voy a hacer, hermosa, lo voy a hacer, me voy a liberar de la vieja y nos vamos a vivir juntos, vamos a tener plata y viviremos juntos. ¿Queres vivir conmigo?

-¿No te parece un poco temprano para dar ese paso?

-Pensalo y mañana lo hablamos de nuevo. Me tengo que ir mi cielo, te amo mucho y mañana hablamos, te mando un montón de besos, chau.

-Beso, yo también.

Cuelga la comunicación y todo su rencor es expulsado desde las entrañas más maternales hacia la superficie de su rostro maquillándolo de parricidio. Sale de su hogar y apura su paso hacia el supermercado Malayo-argentino. Entra al negocio mostrando gratuitamente sospechosos y enajenados comportamientos. La mirada atenta del dueño del establecimiento (Francis Ho- Min-Go), detecta las negativas emisiones de su nuevo cliente. Roberto inmerso en su confuso pensamiento de odiosa naturaleza no siente la presencia humana en su rededor, es sólo él y su manifestación primordial: su supervivencia sin lucha. Nada se podrá interponer entre él y su paso por la vida. ¡Ella! Cristina podría interferir y detener la debacle de Roberto. Si él asesina a la vieja va a caer, no podría mantener el secreto por tanto tiempo, no es tan fuerte, aunque trate de impresionar reproduciendo las facciones de su raza en estado de alerta, no convence, este muchacho no da miedo, es débil y él lo sabe, no lo soportará.

¡Claro qué lo puedo hacer! Puedo mantener un secreto, mi secreto, mi gran misterio, nadie tiene porque enterarse... Nadie va a enterarse porque soy lo suficientemente fuerte como para no cometer ningún error delator. Tengo que ser inteligente, muy inteligente... y precavido, especialmente precavido.

Su cerebro ilusionado con su pensamiento recurrente obliga a su cuerpo a autocontrolarse llevándose por delante a un hombre con un bebé entre brazos.

-¡Más cuidado imbécil!

-¡¿QUÉ DIJISTE VIEJA DECREPITA?!-le responde Roberto arremangándose y preparándose para una posible batalla.

-No nada..., mil disculpas, se me escapó-contesta el hombre que al ver la violencia desmedida del muchacho se retira velozmente hablando solo.

-¡Idiota!-¿Cómo no voy a ser fuerte?, soy muy recio. Mirá como se va corriendo el cobarde... ¡Excelente, acá está lo que estoy buscando!

Agarra un envase de la estantería más baja de la sección esclavas, luego un paquete de té Bucanero, camina hacia la caja y entrega el producto observando meticulosamente la expresión del cajero. Francis toma una bolsa, guarda el veneno para ratas con el té y con rostro serio dice:

-No lo hagas, ¿no dal cuenta?

-¿Qué dijiste?-pregunta Roberto desafiante.

No latas salil 4,50!

-¡Ah!, me pareció escuchar algo distinto. Toma, acá tenes-entrega el efectivo y continúa.-Tene cuidado con lo que decís, ¡eh!, te voy a estar observando.

-Kulosawa, señol-espera que se retire su cliente- ¡De acá me vas a estal obselvando, sólo Akila obselva, los demas molil como ganado!

Roberto llega a su hogar con exquisita sonrisa, abre la puerta pensando en como va a saborear la victoria y entra probando el aroma de su propia casa, su morada sin obligaciones. Respira hondo y se dispone a realizar el último acto de su retrasada adolescencia.

-Mamá, ya llegue.

-¿Qué rápido Robertito? Veni, dame que te ayudo con las bolsas-la mujer con la velocidad máxima que le permite su agotado cuerpo se arroja sobre los plásticos del muchacho.

-Es sólo una bolsa, yo puedo solo-contesta mientras desmolda los dedos que a su carga se adosan.

-¿Qué compraste?-sazona la mujer después de haber testado el peso y la dimensión del producto comprado.

-Es té, mamá.-reposa la situación.

-¡Té!, ¿qué té es?

-Es un té especial. Seguí viendo la tele que ahora te preparo uno.

-¡Qué lindo hijito tengo!- responde la mujer caminando para luego desaparecer en la oscuridad del pasillo que lleva a las habitaciones. Roberto piensa mientras pone la pava a calentar, piensa en que ésta va a ser la última vez que escuche la húmeda putrefacción de esas ojotas. Él se imagina, mientras prepara la taza y saca un saquito de té Bucanero de su caja, se imagina a las grasas inertes añorando el momento en el cuál colgaban con tanto vigor de los extensos brazos de su madre. También mastica mientras calcula y echa el contenido de media taza de veneno,  mastica el ají molido que estuvo tapado en su olla maternal por tantos años, nunca más volverá a sentirse tan oprimido, será por fin libre y con expresiva satisfacción coloca el saquito de té. Roberto desea, juntando las pruebas que lo podrían incriminar y colocándolas en una bolsa, desea aprender a ser lo más meticuloso posible, a la menor prueba delatora su destino será el horno. Sale de la casa y coloca a sus probables delatoras en el canasto de la basura de su vecino derecho. A Roberto le repugna a pesar de la determinación de su acto de liberación al arrojar el agua hirviendo de a leves chorritos y cuidando que no se formen grumos sospechosos en la mezcolanza con el veneno, le repugna y retuerce las tripas recordar el sonido de olorosos vapores que hacen los dos muslos de su madre al decantarse sobre su silla favorita, nunca más, no se repetirá nunca más.

Coge la taza con la delicadeza de Ibáñez Menta, recorre el trayecto hacia la pieza de su madre y entra en la habitación. La señora se encuentra cabeceando frente a la novela y al escuchar la intromisión en su cuarto despierta disimulando su dormitada.

-Querido no te hubieses molestado.

-No es molestia, para la mejor madre del mundo-le entrega la taza sonriendo tiernamente-Disfruta del té mamita querida.

-Gracias mi corazón-la señora toma la taza-¡Uyyy, está caliente!, mejor dejo que se enfrié un ratito-apoya suavemente el té sobre su mesita de luz.

-Claro mamá, seguro se me pasó el agua un poco-¡Tomate el té de una vez, vieja!... Un minuto. Sería conveniente sacarle un poco de información antes de que cierre los ojos para siempre-Mamá hay algo que siempre quise saber.

-Sí mi cielo, pregúntame.

-Nunca me quedo claro por qué se fue papá.

La mujer tiñe de siniestro su pasivo rostro, pasa la lengua por sus arrugados labios y se los muerde intentando callar. Piensa y deduce que no es necesario ocultar, un buen dialogo con mezquina información es la forma más efectiva de disuadir:

-Por Llijita, sabes que no me gusta hablar de eso.

-Ya sé mamá... pero creo que estoy grande cómo para saberlo, sería justo que me lo digas.

-Está bien, hijo, te lo diré. Tu padre nos abandono, se fue con otra-la mujer comienza a gimotear, baja la mirada para no demostrar su falso llanto y así causar compasión-¿Satisfecho?

-Perdón mamá.-Llora vieja de mierda-Tomate el té que te va a hacer bien.

Luisa mantiene la vista en el piso, acerca las manos al mueble y con magistral torpeza golpea la mesa, la taza cae y su pasaje al más allá queda desparramado en el piso de pinotea.

-¡Pero la puta madre!-estalla el muchacho sin el menor disimulo.

-¿Qué acabó de hacer?-exclama la mujer llevándose las manos a la cabeza y mirando el enchastre hizo-Perdón, hijo, déjame que yo lo limpio.

-Yo me encargo-Roberto se levanta resignado y se dirige a la cocina en busca de un trapo. En su caminata castiga con sus puños las paredes que encuentra-¡Vieja de mierda!-entra a la cocina, golpea la mesada y se queda apoyado mirando hacia el piso-No lo puedo creer, la muy boluda tiró el ven...

-¿Qué pasa hijito?-la señora de la casa se asoma ceñuda por el marco de la puerta.

-Nnn... nada...nada, chau. Me voy a dormir.

-¡Qué duermas en los manteles de Llijita, hijo mío!

Cristina se encuentra acostada en su cama, da vueltas con su cuerpo, los ojos los tiene bien abiertos pues en su cabeza circula el mismo pensamiento:

Debo estar pensando cualquier cosa... Le debo haber entendido mal. No va a matar a la vieja, seguro fue una calentura del momento, no va a hacer nada... ¿Y si lo hace?... Me lo dijo bastante confiado, nunca lo escuche de esa forma. ¡Lo tengo que llamar!...No, no lo va a hacer, no podría cargar en su conciencia la muerte de su madre. Mañana  temprano lo voy a visitar y habloamozzz...zzz...zzz.

 

-¡Aaaah!..., ¡uff!-¿Qué sueño de mierda?-Cristina se sienta en la cama, se seca la transpiración de la frente y espera que aminore su agitado pecho-¿Qué pesadilla más horrible?... ¡Yo vivir con esa vieja sin mi Roberto!... -¡Puff!- Mejor voy a verlo.

Se calza sus chancletas y toca en la casa de su novio: Ringgg.....Ringgg

¡Qué raro, nadie responde!... ¿No lo habrá hecho en serio el boludo?

Ringggggggggggg

-¿Qué sucede?, ¿qué sucede?-se abre la puerta y Luisa se asoma-Querida sos vos, ¡qué sorpresa! Veni, pasa y ponete cómoda.

-Perdón por el timbre, pero es que estoy buscando a Roberto para hablar con él.-No mató a la vieja por suerte.

-Pasa, pasa-la atrae moviendo la mano-Roberto ahora viene, pasa y sentate a esperarlo.

-Bue...buee...bueno lo espero adentro-Cristina titubea por la presencia de la pesadilla mañanera, se da seguridad y entra con dubitativos pasos de bebé y la fija idea de sentarse sola en el sofá del living mientras espera a su amor.

-Veni querida, veni a hacerme compañía en la cocina que estoy por terminar de preparar el almuerzo... Por favor, no me gusta comer sola.

Cómo negarse a estas palabras. Sin remedio Cristina camina hacia la cocina justo detrás de la mujer.

-¿Comiste?

-Sssí... Sssí... Desayuné.

-Desayunar no es comer. Vos estás flaca, un buen almuerzo no te vendría nada mal, veni y sentate-Luisa huele los vapores de la olla-Esto ya está-coge un cucharón, revuelve y comienza a servir dos pedazos de carne y algunas papas con crema en cada plato. Camina hacia la mesa con rostro satisfactorio por sus dotes de cocinera, le acerca un vaso con agua a la muchacha y se sienta.

-Roberto, ¿dónde está?

-¡No, no, no! Es tiempo de agradecer la comida que nos brindaron. Veo que tú no tienes anillos, no importa, ponete los dedos en la pera y escúchame en silencio... Gra..gra...gra -se aclara la voz y comienza- "Gracias Llijita por este plato tan magnifico de tierna y gustosa carne que nos has brindado, gracias a tus sabios iluminadores por mostrarnos las sabrosas papas con sus benditos nutrientes y gracias también a tus virginales sirvientas que se han exprimido estas deliciosas cremas y que nunca osaríamos despreciar pues provienen de sus suaves senos. Negrand"

-Negrand.

-Muy bien querida, ahora a comer.

Tras observar la pasión con la cual Luisa devora la carne hervida a Cristina se la abre el estomago y para llenarlo corta un pequeño pedazo de carne, se lo mete en la boca y lo mastica.

¡Mmm, esto es delicioso! Piensa y dice:- Le salió exquisito señora, la felicito.

-Muchas gracias querida... Éste era el plato favorito de mi marido, él se desvivía por comerlo, recuerdo que el mismo día que nos abandonó me pidió que se lo preparase de cena, el desgraciado nunca vino a cenar esa noche... No sé si sabias que él dormía con su secretaria y por esa mosquita muerta estaba preparando los papeles del divorcio. Llijita no permite el divorcio: "Con este anillo los uno hasta la muerte". Yo no me iba a separar de él por nada del mundo..., y no lo hice, a todas partes lo llevaré conmigo. Escúchame bien Cristinita, todos los hombres son unos bastardos sin excepción-Luisa corta un pedazo de carne y lo observa atentamente-No extrañarás a Roberto si lo llevas contigo... Mmm-saborea al masticar-, tengo que reconocer que Roberto salió a su padre: bastardo y muy delicioso.

COMENTARIO FINAL POR EL GATO DIMES

"Hasta que la cena los separe o los una. ¡Ja ja ja, se comieron al chabón como piloto de línea uruguaya! Tengo que reconocer que esta historia tiene bouquet, los personajes tienen ají molido, pimentón y clavo, los cuales por sus propiedades les dan un sabor inigualable. Realmente me gustó el cambio narrativo, tiene un desarrollo dulce con un final agrio, o sea dulceagri, o agridulce, ¡ja ja! Para redondear la idea termino diciendo que Roberto consiguió lo que siempre quiso: ser rico, ¡ja ja ja! Hasta el próximo cuento gastronómico. Un saludo El gato"

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Tily

Tily escribió esta anotación hace 8 meses. En ella habla sobre Cuentos Del Supermercado.

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