Sorpresa
-¿Tenis? ¡Me encanta ese deporte!...-René, el protagonista de esta historia, infantilmente engaña a un conocido compañero de la empresa publicitaria Smithson, Smithson & Gómez, él quiere pasar un tiempo con quién considera Demost popiular dud inde laburo. Por eso responde a cualquier proposición admirando su interlocutor y acepta jugar un partido de tenis en la tarde para liberar las tensiones acumuladas en los músculos de la espalda, en el cuello y en sus fofos muslos.
-¿A qué hora me pasas a buscar?...
-¿16:50? OK. Te voy a estar esperando cambiado. Hasta entonces, entonces, jajaja...-René se despide separándose el pantalón de su pierna, lo muestra mientras gira de un lado a otro y lo suelta rápidamente apenas es conciente del comportamiento adolescente. Tras escuchar el tono de ocupado del otro lado, cuelga meneando la cabeza, suspira vaciando su buche lleno y emocionado comienza a desvestirse dando aplausos a su desnudez, da vueltas mientras camina hacia el baño, entra encendiendo las dicroicas Velas, abre la canilla cromada y prende su radio acuática Transis-Tor; suenan los famosos acordes del último éxito compuesto por el cantante panameño Franckie Hugo. René como fanático desde el comienzo de la carrera musical, o sea desde que el solista formaba parte de Regordete (famoso grupo que en los años 80 obtuvo el record Giles por mayor cantidad de bombachas y calzones arrojados a un escenario musical) danza y desafina sus cuerdas vocales cual gato entona serenatas a una melancólica lluvia mientras se enjabona y enjuaga en reiteradas veces. Pasada media hora de su aseo personal se seca con su toalla doble acolchonadito de Desierto, se rocía con su perfume egipcio Kabul-Abdul-Salud eau de toillet y comienza con su ritual del vestir: se coloca unas calzas azules de Riky Sarcasmo muy funcionales para evitar el paspado de los glúteos, un pantaloncito blanco de Sergio Takkinardi, una chomba punto y cruz celeste de Laacosté, unas medias blancas con rombos verde ingles de Tom Jancs y unos zapatos deportivos bordo con suela de caucho Martín Fierro de Callme Puppie, su gorra de golf Devichenzo y su una raqueta doble encordado Big Willy. Con su vestimenta completa desfila hacia el living decorado con pinturas de atardeceres en la Reja de Cacho´s y amoblado al estilo Parifrans, se acomoda en su nuevo sillón Drunk D-ad de cuatro cuerpos hecho a mano por las tribus de Estocolmo, toma un vaso típico de las tiendas Uarjol y lo llena con sabroso Martirio. Mientras acaricia con una mano cada vez más ansiosa por el deporte a su perro Flafy (un caniche blanco peinado por W. Giardino.) con la otra toma su teléfono en delicado color manzana de Filips, marca varios números en su teclado vitreaux de digitech blue tooth y espera silbando la melodía de la música de llamada más bajada en los últimos tres meses: Metralleta.
-¡Hola mamá! ¿Cómo está la mujer más bonita de este mundo?....
-¿Todavía no cobraste? ¡Qué sinvergüenzas!...
-Decime...
-No mamá, todavía no apareció la mujer indicada...
-Salimos pero no funcionó. La muy descarada usaba un vestido negro con tul celeste de Mónica Cambembert y un sombrero azul con cintita roja de seda marca Cesar Mazetty...
-Imagínate; me puse como esquizo...
-Le dije que no estaba listo para una relación madura....
-Sí, mamá; ya sé que tengo 35 años....
-Ya sé, y yo también te quiero dar nieto, pero no por eso me voy a enlazar con alguien de tan mal gusto...
(Ringgggggg)
-Bueno, ma, te dejo porqué me pasaron a buscar. Besitos....
-Yo también te quiero, que digo te quiero, yo te adoro... Adiosito.
René se levanta del cómodo asiento, corre hacia la cocina quitándose la gorra, toma el portero eléctrico Sanjo con altavoces balanceados aumentadores de emoción y exclama:
-¡Bienvenidos a la residencia de René!...
-No, no soy morrinsonista...
-Tampoco creo en la Puerta de la percepción...
-¡Ay sí!... ¡Igualmente mamarracho!
Cuelga enojado golpeando el tubo contra el habitáculo de números, arroja su gorra deportiva hacia su alfombra Mersa y camina hacia su bebida alcohólica mientras piensa: ¿Cómo tienen el tupé de insultarme? ¡Malditos morrinsonistas!... Hablando de Morrison, hoy en el tenis voy a tomar un colorcito, mañana voy a ser la envidia de la oficina... Jorge no viene más, ya se retraso 15 minutos.
-Flafy, a Jorge se le está haciendo tarde.
El can se tapa la cara con la pata y se recuesta en su cama para mascotas Peluches con vida.
-Sí, Flafy, da vergüenza... Me voy a preparar otro drink. ¿Queres un drink? ¡Qué digo, los perros no toman!
Ríe y se sirve lo más rápido que puede; insulta la lentitud del pico vertedor y luego estalla toda su furia de abstemia al enterarse que la botella se ha quedado sin contenido. Se rescata de su comportamiento Bukowskyano y bebe la pequeña cantidad de néctar servido para suavizar la situación. Pasan 15 minutos en su reloj Puddle Uatch y su cuerpo comienza a desesperarse por deporte mientras que su garganta pide a gritos más combustible del bueno. René abandona sus ambiciones tenisticas, se coloca su gorra de golf y se encamina a comprar más Martirio. Sale a la calle entonando nuevamente el tema Metralleta y saluda amistosamente a sus casuales vecinos mientras camina alegre gracias a su elevada proporción de alcohol en la sangre. Al entrar al supermercado Malayo-argentino se cruza con un muchacho vestido completamente de cumbia al cual mira de arriba hacia abajo pensando: No te podes vestir tan mal, mamarracho. Continúa su feliz-feliz trayecto hacia la sección de mareados, saluda simpáticamente al cajero y Francis Ho-Min-Go le devuelve una sarcástica sonrisa, no presta mayor importancia siguiendo su tambaleante recorrido por las góndolas. Busca su bebida en vano pues su marca favorita se ha acabado, acechado por tal dilema decide consultar con su ser interior: su estomago le sugiere la posibilidad de ir a otro supermercado mientras que su cerebro y su garganta amenazan con movilizaciones en pensamientos y en cantos caribeños si no bebe cualquier botella. Como el canto es sagrado toma la botella de Martirio Azul, (una bebida hecha en la campiña Quiroga) y se encamina hacia la caja entonando la conocida melodía centroamericana.
-¿Cuánto es buen hombre?
-Sel Maltilio Azul: 4,50-Responde Francis recordando lo acontecido con el ultimo cliente que compro ese producto.
-Acá tiene señor cajero-René entrega el dinero mostrando sus blancos dientes-, ni una moneda más ni una moneda menos... ¡Chaucito!
Apura el regreso al hogar pues su mente percibe a la bebida con deliciosa sed mientras que su reseca garganta y su pensativa mente comienzan a tomar las cosas personalmente.
Llega a su edificio Torres de la estancia XIII, entra por el portón principal cuya cerradura de máxima seguridad Impenetrable Chaco impide al acoso de los amigos de lo ajeno, sube al ascensor Pent jous plis, saluda a la cámara de cable vía coaxil del Hermano mayor Sociedad Anónima y espera. Se abren las puertas del elevador dejando ver el pasillo con su magnifica alfombra de Pequinés corto cuya tonalidad es un rosa tan marino que aterra pisar con los zapatos que absorbieron la mugre que apesta la ciudad. -¡Movete de una vez que quiero chupar Martirio!-estalla su garganta. -¡No es para que te pongas así!-replica su ofendido estomago. Clarificada la tan absurda duda de si pisa o no pisa la alfombra coloca su pie izquierdo en el delicado pelambre y despierta los instintos de Flafy que se alerta por la presencia de su amo con un aluvión de ladridos y uno que otro rasguño a la puerta de cedro Aléjese.
-¡Sí, Flafy, papi llegó!
Apenas se abren las puertas del departamento el can salta a las faldas y René tras pegarle un manotazo acelera en dirección de la cocina donde tiempo atrás había abandonado a su vaso, lo abraza, se lo sirve bien cargado y lo bebe satisfactoriamente de un tirón. Toma la botella para servirse otro amnésico brebaje y piensa en el momento, bastante cercano de por si, en el cual tendrá que volver a repetir la misma operación, decide finalmente ahorrarse tal procedimiento y le mete unos apasionados besos de lengua directamente al pico. Los besos generalmente suelen sabernos exquisitos y uno nunca desea que se termine la humedad por lo tanto el líquido baja y baja hasta que sus pulmones le recuerdan la necesidad del aire para poder vivir, se desprende con un ahogado sonido a sopapa y exhala todo el dióxido de carbono de su cada vez más pesado cuerpo. Sobre la alfombra espera el can de coiffeur con el hambre de todo un día realizando toda hazaña posible para llamar la atención de su dueño que se encuentra sumergida en su nueva mascota de vidrio. El animalejo sufre un severo ataque de hambre y celos pegando un salto a la falda de su amo con tanta desgraciada suerte que le desprende la botella de la mano. Ésta cae en cámara lenta y se estrella contra el suelo volcando el bendito líquido. René observa su drink desparramado en su alfombra Pastos fresh azul y le despierta toda la rabia de su mente y principalmente la de su garganta que juntas comienzan a apoderarse del resto de su cuerpo. Sus ojos cual mira telescópica se posan en su mascota y bajo las órdenes del Sargento Laringe le arremete al perro un puntapié Rubenpaciano en el trasero. El envión de la majestuosa ejecución clava al can en el ángulo derecho de la ventana fleximetal de Metales Nahuel, rebota con la baranda Carlos García y finalmente cae al abismo. El talentoso pateador se desploma en su mesa de Truco Kitch liberando un mar de lágrimas sobre su mantel Tuco. Llora y moquea, llora y moquea mientras observa el vaso que con anterioridad le fue tan útil en la contención de dulce elixir.
-¡No llores!-se escucha desde algún lado.
-¿Qué...¿Quién anda ahí?
-Yo. Acá abajo.
René mira en dirección a la procedencia de la voz y ahí está, en ese indicado lugar detectado por sus sentidos hay una criaturita azul de unos 25 centímetros de altura. Este duende lleva puesto un sombrerito blanco muy similar al gorro del escudo de esta ciudad, unos pantaloncitos inflados y unos zapatos al estilo Aladin en color espuma, completa su look con unos gruesos anteojos negros en forma de margaritas. Esta personita se hallaba en el preciso lugar donde por culpa de su perro se había derramado el líquido.
-¿Qué rayos eres tú?
-Ustedes nos conocen como pitu ¿algo? Nosotros en realidad somos Reinas, ¡yo soy reina Filósofo!
-¡¿De dónde fantasías saliste?!
-Yo no soy ninguna fantasía. Somos tan reales como tú, siempre aparecemos cuando se mezclan ciertos elementos.
-¿Cuáles elementos?
-Es muy fácil, se necesitan: Martirio Azul, pelos de alfombras Pastos Fresh y los pelos de un caniche tratados con champú para perros Rivadero.
-¿Cómo es eso?
-La bebida reaccionó con las fibras de la alfombra y con el ADN del pelo radioactivo.
-¡Más despacio Einsenstein!
-Es muy difícil de explicar, es una lastima que no esté reina Científico.
-¿Por casualidad no trajiste alcohol bajo el brazo?
-No debes beber más.
-¡Eres una reina, tú qué sabes!
-Típico de los de tu clase, a través del menosprecio hacia los demás elevas tu autoestima que muy por el piso la sentís todas tus hipócritas mañanas.
-¿...?
-Vos en tu infancia tratabas al resto de tus compañeritos de homosexuales.
-¡Yo nunca usé el termino homosexual!
-Ese no, pero si trolo, maricón, morfeti, soplaquena, pa´atras, comilón, balinardi, tragasables, mascapito, lametroncos, etcétera, etcétera.
-Se lo merecían todos y cada uno.
-No, no se lo merecían, vos decís eso para observar la reacción de los demás frente a un homosexual.
-¿Para qué iba a hacer eso?
-Si en las demás personas veías una reacción de reprobación frente a la persona humillada tú no reconocerías tu homosexualidad, en cambio, si la reacción hubiese sido positiva dirías a los cuatro vientos tu gusto hacia las personas de tu mismo sexo.
-¡Yo no soy puto, tú lo eres!
-Ves a lo que me refiero. ¿Por qué seguís con esta farsa? ¿Por qué no te liberas al fin? Podes confiar en mí, yo no te juzgaré. Nadie te juzgará por lo que hagas o dejes de hacer con tu rabo.
-No sigas con esto y dame un trago.
-No tenes que beber para escapar, deja de escapar y enfrenta tu sexualidad de una vez... Pensalo mientras te cuento una historia que me sucedió.
-¿Tengo que escucharte?
-Sí, tenes que escucharme porqué te va a interesar, y estoy seguro que luego me vas agradecer.
-Si te escucho me das un trago.
-¡No! Porqué tú no vas a querer tomar más por el resto de tu vida.
-¡Ufa!
-Escucha esto: yo en el pasado también tuve un problema con la bebida. Fue por el año 1914, cuando todas las reinas habían salido a batallar en la sangrienta guerra fresca contra Azrael. Mi filosofía es la paz y me está prohibida la guerra, además en el chequeo de preenliste se me detecto una enfermedad llamada OAD, no sé que significa pero gracias a ese padecimiento no se me permitió la entrega del uniforme militar. En la comarca solo quedamos Papá reina, Reinito, Sam y Yo. En una ocasión estaba escribiendo unos poemas en la orilla del lago Virus, me inspiraba en los pájaros, los edificios roídos y las ranas, lamentablemente esta paz fue imprevistamente quebrada por Reinito que había decidido tomar un baño privado, él estaba desnudo y sumergido hasta la mitad del cuerpo realizando sus poses de heredero. Cuando intente acercarme para poder observarlo mejor, él se percató de mi presencia y comenzó a bailar de una forma demasiada rara, me llamaba con nombres seductores y realizaba todo tipo de vulgares galanteos. Yo al notar esta demostración liberalizada de sexo, negaba toda proposición con la mano y continuaba con mi fantástica poesía. Él al ver mi negación comenzó a calumniarme con toda clase de improperios relacionados a una simulación de mi sexualidad, epítetos, dicho sea de paso, sin la menor prueba. Tras no soportar más la situación me alejé con la cabeza gacha en dirección al alcohol que escondía detrás de los libros de Buchay. Entré en una desesperada depresión en la cual llegué a probar todo tipo de bebidas espirituosas hasta que un día la tragedia golpeo a mi puerta y caí en un coma profundo. Dicen que tomar anticongelante con el estomago vacío puede producir ciertos padecimientos.
-¿Y qué pasó?
-Después de 15 años de estar en cama.
-¿Cuántos años tenes?-interrumpe René.
-Las reinas nunca decimos nuestra edad. Cómo te decía: a los 15 años desperté del coma y en vez de recibir una fiesta por estar vivo, recibí una invitación a la casa de Papá reina para mantener una conversación privada con respecto a mi problema con la bebida. Cuando mi cuerpo estuvo preparado para caminar asistí a la casa del sabio hombre. Comimos paté du palom con salsa de trufas cosechadas en los fértiles campos de Gargamel, tomamos vino espumante aromatizado con frutos del bosque cosecha 1923 y de postre vainillas al coñac. Pasada la digestión y en medio de nuestros habanos ovalados, Papá me hizo notar mi terrible problema con el alcohol. Yo negaba todo con incrementada reacción, a lo que el viejo finiquitó con firme vehemencia, me tomó las muñecas obligándome a darle la espalda y apoyándolas sobre la mesa me dijo: Yo terminaré con vuestro problema de la bebida, ¡dejadme ver tu rabo de reina!, tomó mi pantaloncito pañolín y me lo retiro muy sensualmente... Desde ese momento no volví a beber nunca más, ahora cuando sufro algún ataque de ansiedad me pego una vueltita por lo de reina Entrenador y problema solucionado.
-¿Qué tiene que ver esta historia conmigo?
-Tiene mucho que ver: tú eres igual a mí.
-¡Claro qué no!
-¡Claro qué sí!
-¡Qué no!
-Qué sí y te lo puedo demostrar. Enséñame tu rabo de humano.
-¡Ni en pedo lo haría!
-¿No queres probar que estás equivocado?
-¡No lo voy a hacer y se terminó!
Una explosión se oye desde los tres estómagos de reina Filósofo y sus minúsculos músculos se marcan yuarsenegermente en su epidermis azul, los huesos crujen al agrandarse entre sus tensas articulaciones y la ropa estalla quedando solo un pequeño short blanco. El desarrollo instantáneo del cuerpo de Reina Filosofo alcanza la altura de 1 metro con 90 centímetros y la anchura de cualquier típica puerta de roble Porteño. La mutación color cielo agarra firmemente las muñecas de René obligándole a darle la espalda...
René despierta con honesta sonrisa, se podría decir que su rostro refleja el sueño en las mismísimas faldas de los Dioses, o de las Reinas. Sus comportamientos rutinarios son también más alegres, se baña de una forma delicadamente higiénica, se perfuma meticulosamente en recónditos lugares y se viste con seguridad calzándose unos jeans ajustados azules de Levio´s, zapatos color caqui de Juan Pie y una camisa rosa de Che mea. Sale del edificio cantando la misma y reiterativa canción, saluda a sus vecinos como es de costumbre pero un tanto más entusiasmado y camina con la frente bien elevada en dirección a su puesto de trabajo. Llega a las lujosas torres de Catatonia construidas por el reconocido arquitecto Cesar Eisenmeyer y piensa platónicamente: Hoy a mis compañeros les voy a dar una buena sorpresa, ¡hoy me destapo! Sube al ascensor Levité cuya capacidad es de trece personas ascendiendo con una carga de veinte y en vez de preocuparse por el sobrepeso le entusiasma la proximidad tan cercana al perfume que durante tanto tiempo se censuro respirar. Observa a las personas con una desinhibición nunca antes sentida y es un muchacho en particular cuyo instinto de acariciar le provoca pensar: ¡Qué guapo! Éste es mío. René extiende sutilmente su brazo y pellizca suavemente el trasero del pobre empleado. Se abren las puertas, el muchacho baja empujando a las personas que bloquean su salida y desaparece en el cierre del ascensor. René continúa su trayecto recordando el momento previamente vivido: ¡Qué deliciosamente durito! Las puertas se abren nuevamente. ¡Éste es mi piso!, piensa y baja del ascensor moviendo rítmicamente sus caderas para traspasar entre la multitud.
-¿Cómo anda señor recepcionista?-saluda al hombre tras el escritorio de bienvenida.
-Bien, por suerte... ¿Vio ayer el partido?
-¿Cómo me lo voy a perder? Vi lo suficiente como para darme cuenta de la amargura de su equipo.
-¡Ja ja ja! Ustedes son amargos... Qué tenga un buen día.
-¡El mejor!-contesta René dándose vuelta como si estuviese desfilando las ultimas tendencias.
Continúa su trayecto, saluda muy animosamente a toda persona que se le cruza y llega a su oficina amueblada a mano por el mejor diseñador de la Red de oficinas, saluda a su secretario personal y le ordena que junte al personal para escuchar un discurso muy intimo.
El personal se reúne temiendo por sus puestos de trabajo ya que generalmente las reuniones son escasas y su finalidad es informar el descenso de los compañeros laborales, días atrás habían despedido a un guardia por quedarse dormido en sus labores. René se encuentra encerrado en su oficina, practica la pronunciación de palabras al azar, se clarifica la voz y mueve sus hombros hacia adelante y hacia atrás dándose motivación a soltar su gran secreto, finalmente se convence, abre la puerta, camina hacia el escritorio de su secretario, sube sobre éste (sobre el mueble no sobre el secretario.) y comienza su discurso.
-Antes que nada, buenos días a todos y gracias por estar aquí.
-Si no estoy acá me echan-es el murmullo más escuchado entre la audiencia.
Trata de no prestar atención a esta leve interrupción y dándose aun más valor continúa:
-Los reuní aquí para hacerles una importante declaración...
Las gotas de sudor empiezan a correr por el rostro de René, se desabotona los dos primeros botones de su camisa mostrando sin inhibiciones sus pelos pectorales y prosigue:
-Yo les quería decir que.... lo siento si alguna vez los discriminé en algún sentido, les pido mis más sinceras disculpas por haberlos disgregado de alguna forma frente a otras personas o en privado. Sé que en algún momento de mi vida ofendí a alguna persona por su raza, nacionalidad, religión, orientación sexual o de la forma que fuere; sé que lo hecho, hecho está y las culpas no se me irán por esta disculpa ni nada por el estilo. Yo sólo quiero conseguir una segunda oportunidad de ustedes, me equivoqué y lo reconozco, quiero cambiar y ustedes me ayudaran a cambiar; ya no quiero tener más miedo, y quiero conocerlos y que ustedes me conozcan como realmente soy y no como simulo ser. Siempre simulé, hoy dejaré de hacerlo, no lo volverán a ver nunca más, voy a tratar de no necesitar disimular para conseguir la codiciada aceptación. Yo soy así, te puede gustar o no, pero a partir de la revelación que sufrí ayer no se me volverá a llamar hipócrita. Voy a ir de frente y mostraré mis temores, como así también las cosas que me generan satisfacción. Mientras yo consiga satisfacción sin dañar o molestar a otro ser, ¿por qué debo ser cuestionado? Yo de ahora en más respetaré a todo ser por cómo es y no por cómo temo que sea; y exigiré lo mismo de mis semejantes. Yo, René Mercurio, soy una buena persona a pesar... ¡No, a pesar no!, soy una buena persona porque soy un ser humano sin importar que sea caucásico, argentino y homosexual... ¡Sorpresa!
La gente comienza a comentar cosas y aquí van algunas de ellas:
-¿Dónde está la noticia?
-Sorpresa para vos, nosotros lo sabíamos de hace rato. ¿No Carlos qué lo sabíamos?
-El informe se lo dejé en el escritorio.
-¡Música!-se materializa reina Filósofo con un equipo de karaoke wi-fi y sonido envolvente de 17x5 marca Ahí va que rocía toda la atmósfera con el poderoso merengue de Franckie Hugo.
Los empleados de a uno empiezan a soltar las tensiones hasta que todos bailan y beben las bebidas proporcionadas por Martirio Azul siendo felices hasta la finalización de la jornada laboral, momento en el cual reina Filósofo se identifica como el cabo Reina y esposa a nuestro personaje para poder llevarlo a la seccional local a que sufra los interrogatorios y suelte los nombres de, como llaman en el cuartel, más desviados.
Metralleta
(Franckie Hugo)
Nena eres una metralleta
con esa pollera y ese par de panderetas,
mueve con ritmo ese percutor,
quiero comprobar si tu bala tiene ton,
dispara certero hacia mi corazón
y enciende el fuego de mi cañón.
Es candente el humo que observo
por mi extensa mira del sabor,
vamos todos a salir de caza
y declarémonos la guerra del amor,
tengo una pistola y dos granadas,
tú con esa deliciosa metralleta
la batalla ya tienes ganada.
Me-tra-lle-ta, me-tra-lle-ta.
Vamos a bailar la danza de la metralleta,
el que no la gana la empata y el que pierde también gana.
Me-tra-lle-ta, me-tra-lle-ta.
Vamos a bailar la danza de la metralleta.
Es una batalla nuestra cama, nuestro sofá y la almohada
Mueve despacio tus caderas nena.
Bailando la danza de la metralleta.
Dispara con precisión a mi corazón.
Yo también deseo comer tu galleta.
Baila, baila metralleta, baila, baila metralleta,
Baila, baila metralleta y planta, planta la palmera.

