Yerba mala
-¡OSVALDO..., levantate de una vez, pelotudo!-ésta es la encantadora voz de cigarrillos negros y despertadores campestres de la señora Teodosia.
-¡PENAL! ¡Vamos Morón, carajo!- con este discurso de envidiable contenido filosófico se despierta el protagonista de nuestra historia.
(-Hola Osvaldo-saluda el publico al protagonista.)
-¡Ova, llámenme Ova!-corrige el muchacho.
-¡Ass-breiquer!-suena la majestuosa ejecución desde los doce pasos en castigo a la corrección hecha, la patada de la señora entra de lleno en el redondo trasero de Osvaldo, obligándolo a ponerse de pie.
-¡¿QUÉ OVA Y QUÉ PENAL?!-pregunta sorprendida Teodosia juntando los dedos de su mano derecha hacia arriba y agitándolos. -¡Vos tendrías que estar en un penal, pedazo de mierda!-a lo mimo dibuja unas rejas en el aire. -¡Qué flor de boludo vengo a procrear!-con rostro de plegaria juntas sus manos a la altura del pecho y las dirige al cielo. -Dale, vestite y anda a hacer las compras-manito en posición chas-chas. -Y será mejor que te apures porqué a las tres, llo tengo partida de escoba con el Rolo y las chicas y no quiero llegar tarde por algún imbécil- esta última oración en un tono novelesco con acento centroamericano.
-Mamá no te podo creer que me despiertes así, justo estaba soñando que jugaba en la primera del Gallito (apodo de Morón) y me hacían penal contra los putos de Tigre-el muchacho continúa con su relato onírico cual niño en vísperas de cumpleaños mientras que su pequeño compa se despierta y saluda al público pegando cabezazos a través de la tela del calzoncillo.
-¡Ma´ que gallito descerebrado!- la señora lleva su puño cerrado a la nuca y amenaza soltarlo sobre el rostro del muchacho. -Ya te me vas al súper y me compras medio de amarettis y un jugo de mocollinye estra larje- simula tener una botella y que va vaciando en su boca. -¡Ehhh!- su otra mano improvisa el movimiento de un acelerador de motos, -recuerda que si haces esto bien y en un santiamén llo dejaré tu cuerpo sin marcas.
-Mamá, a mí sólo me visten las grandes marcas-contesta el muchacho señalando con ambas manos su llamativa vestimenta de cama.
(Risas de público.)
Frente a esta respuesta, Teodosia recuerda la maza de carpintería que recibió la navidad pasada y comienza a desearla entre sus manos, por suerte para Osvaldo, también recuerda el consejo del Dr. Socolinsky: "Los golpes de más empeoran a su niño o niña" (No sic.). La reflexión de golpear o no a su hijo mantienen ocupado a su cerebro por unos minutos, y la imposibilita a darle ordenes a su cuerpo para realizar movimiento alguno, pues queda con los ojos sin pestañear, la boca abierta como aeropuerto de moscas y petrificada de pies a cabeza cual estatua céntrica; mientras tanto intenta deducir que fue lo que realizó en su vida para que su borrego se desarrolle física y no-mentalmente. Osvaldo observa a su madre en estado pétreo y piensa en su frágil humanidad, pues memoriza que las necesidades son parte de su estilo de vida y ya comienza a cosquillearle la vejiga. Por respeto a su madre, la imitación es parte del respeto, él también permanece estático mientras con suma urgencia busca en su cráneo desocupado la forma de desencantar a su Sarmiento personal y arremeterle al baño antes que estalle su pequeño compa. Parece encenderse una respuesta a tal dilema, va a hablar:
-Bueno ma, ahora voy.
Lo ha conseguido, la mente de la doña regresa al mando de su cuerpo y se ordena retirarse del lugar mientras se lamenta por haber practicado boxeo durante su único embarazo. En la habitación queda el recién atardecido (son las dos hora de reloj resistente al agua) mirándome extraño, le doy letra y al ritmo de: "Dale, dale el gallito" agita sus brazos en severos ataques espásticos y contonea arítmicamente sus caderas en dirección al baño. Realiza su eliminación de fluidos generando la mayor cantidad de espuma posible y en uno que otro error en su puntería lubrica artísticamente la tapa del uater; se lava las partes visibles con ahorrativa destreza y casi inexistente minuciosidad mientras que las partes no visibles las deja al natural, a lo francés como le dicen; mira al espejo con ese ojo tan imaginativo que tenemos todos los que no fuimos agraciados por la naturaleza y se idolatra sin sinceridad alguna:
-Me veo bien. Seguro que cuando sea jugador de fútbol me lloverán contratos por lo gran jugador- toma su prominente pera con sus dedos índice y pulgar - y por lo guapo que soy.
(Sonido de grillo entre la multitud.)
Su perorata de auto-elogios infundados finaliza al notar que se está olvidando de ocultar su edad (30), preocupado por posibles testigos mira a sus costados mientras disimuladamente moja sus dedos con la lengua, se los huele con expresión de agrado y se los pasa gallardamente desde la nuca hacia la parte frontal (zona marular de los históricos goleadores). Cubiertos los accesos testeanos de similar aspecto a los que posee aquel gran diez Diablo, se gorgorea la garganta con agua y pronuncia a lo Yeikspir:
-¡Qué buacho lindo, soy todo un Ova Sabatini!
Toma su actualizada casaca de Deportivo Morón, se calza su pantalón tropical y se moviliza de formas bailanteras (extiende sus dedos horizontalmente, mueve sus manos hacia delante y hacia atrás girando la posición de las palmas de arriba hacia abajo) hacia la cocina. Sobre la mesa familiar lo esperan el dinero justo, el mapa para llegar al supermercado y las específicas instrucciones para realizar correctamente las compras. Coge todo, sale a la calle cantando el último hit de su grupo favorito Yerba Mala y deslumbra en las baldosas de la vereda el pasito de los mismos artistas. La gente sin sentirse culpable se aleja groseramente de su camino y algunos sin ningún disimulo cruzan a los piques cortos. A Osvaldo mucho no parece importarle estos comportamientos mientras continúa pasito p´adelante, pasito p´atrás y cantando:
-A esto llamo bailar. Yerba Mala, Yerba Mala.
Antes de seguir con la historia debo presentarles a un gran amigo mío, éste es un personaje que seguirán a través de estos textos en innumerables ocasiones (no se preocupen creo que Osvaldo va a estar bien.... ¡Cuidado con el auto!.. ¡Uf! Eso estuvo cerca... Parece que dejarlo solo es un riesgo que no puedo correr si quiero terminar el cuento). Con ustedes: Francis Ho-Min-Go (los dejo un momento con él mientras me voy a apagar al protagonista).
-Buenas taldes. Yo sel plopietalio del negocio y me encalgo de todo el tlabajo: caja, leposición, vigilancia, ticket, todo, todo. (Regresé). Gracias a tanto trabajo Francis se pasa la mayor parte del tiempo en su tienda tratando de no recordar las bellezas de su Malasia natal y la injusticia de su exilio. La historia de este gran supermercadista es un relato conmovedor con un alto contenido lacrimógeno así que preparen los violines y a disfrutar.
(Imágenes en sepia.)
-Yo tenel un sueño: "Todos los ploductos deben sel iguales a los ojos del cajelo".
Con estas palabras y levantando los brazos Francis comenzó los discurso en el día del repositor frente a la alta cúpula sindical de vendedores de productos comestibles malayos. En el gremio no cayó muy bien este socialismo desmesurado y se retiraron a una reunión de urgencia para extirpar la enfermedad que se propagaba entre los compañeros.
-No debemos pelmitil que el queso azul se intelcambie pol la misma cantidad de billetes que un huevo-opinó un señor de grandes dimensiones con su pulgar firmemente bajo.
-La leche pol colol le collesponde un plecio más elevado.-un hombre con una campera de cuero negra aseveró y asintió con la cabeza a los demás presentes.
-Las galletitas dulces sel más licas que las saladas-afirmó relamiéndose disimuladamente un muchacho con una camisa azul, roja y blanca.
-Las malcas, no se olviden de las malcas, a más lindo logo más calo el ploducto-estas palabras fueron dichas por un sujeto con una tupida barba blanca.
-¡Qué mundo más desagradable si el queso pol sel eulopeo sel más costoso!- Francis solitario e impotente defendía su discurso-. No entendel que todos los ploductos sel iguales, todos sel necesalios e indispensables. Nosotlos debel y tenel que cambial leglas de melcado, esa sel nuestla obligación como hijos de Akila.
-Señol Flancis Ho-Min-Go no insistil más. Pol unanimidad usted acaba de sel expulsado del sindicato de supelmelcadistas nacionales pol su compoltamiento ellante. Su unifolme pol favol-finiquitó la conversación el hombre de la campera extendiendo amistosamente las manos.
Tras recibir esta noticia con gran asombro (colocó sus manos sobre sus mejillas y abrió la boca sin emitir sonido) y con deshonrosas lagrimas (los hombres también lloran) se retiró del sindicato sin despedirse de sus selectas amistades. Caminando por las estrechas calles de Kuala Lumpur fue conciente que sin el apoyo de los gordos no podía continuar trabajando en el rubro, ¿en dónde entonces? La respuesta la dieron cuatro televisores en una tienda de electrodomésticos mostrando las imágenes de un país sudamericano que festejaba la obtención del campeonato mundial de fútbol. Francis al ver a un sujeto con el mando presidencial y gritando con el resto de la población como un ciudadano más decidió que esa tierra sería su futura tumba. 25 años después lamenta haberse forjado ese destino, este país no es tan maravilloso como pensaba, la equidad de recursos que él se imaginó es esquiva para su democracia.
Enciendo a Osvaldo nuevamente y según indicaciones entra al supermercado Malayo-argentino bajo la desconfiada mirada de Francis, no presta mayor importancia a esta acción y al grito de "Dale lo´pibes" se dirige a la sección yiya en busca de los deliciosos amaretis que tanto desea deglutir su madre. En su trayecto por las góndolas mareados y yoruguas, en un acierto o desacierto del destino, se cruza con la oferta de yerba mate El Amargo´s preniun. El kilo unos pocos centavos. Promoción sólo para inteligentes, ¿usted lo es?
(Sonido de caja registradora.)
-¡Llo lo soy, y de ninguna manera me perderé este regalo!-grita Osvaldo al terminar de leer el cartel.
Él sabe bien que su madre no toma mate (a la señora no le gusta compartir la saliva con otro ser que no sea el protagonista de Tardes de amour), y que en las instrucciones entregadas especifica: ¡No compres mate, pelotudo! Osvaldo entiende todos estos mensajes, pero de todas formas es un extremista y le gusta jugar con el peligro ya que en este momento está pensando: Una oferta es una oferta. Como decía mi tío: Si las deudas están de oferta compra todas las que puedas. Mi tío es hermano de mi madre (los hermanos no se volvieron a reunir gracias a un rencor por deudas), si lo dice mi tío mi madre estará de acuerdo en que lo haga. Definido el asunto, va a demostrar que pensar es parte de su naturaleza llevando la yerba, los copetines de la tercera edad y la bebida estra larje. Un momento, si va a realizar un gasto que su vieja no se imaginaba, el dinero no va a ser suficiente para la bebida.
-Dinero no alcanzar-dice Osvaldo a los aires mientras reflexiona mirando para todas partes.
Debe encontrar rápido una solución, la partida de escoba está pronta a empezar y no comenzará sin el liquido que fluya por las cuerdas vocales de lo violentos participantes. En un instante de lucidez recuerda que en su tour por el supermercado entre las secciones esclavas y solteras observó un cartel de un ignoto jugo tailandés: Kang una explosión en tu barriga, el sobre algunos centavos (cómo las publicidades resuelven nuestras vidas. Cualquier empresa interesada en publicar su producto aquí que se comunique con mi agente). Suma los valores con sus dedos maquillados de tierra y se golpea reiteradamente el mentón acomodando los números hasta que siente su cráneo sobrecalentarse (parece ser humo esa cosa que sale de su cabeza... así es, definitivamente estamos en presencia de una combustión por pensamiento). Su precario peinado no soportará mucho tiempo las altas temperaturas y él lo sabe por eso lo refrigera colocándose dos sobres del juguito sobre su marulo al mismo tiempo que le enfila danzando exultante hacia la caja. El empresario extranjero lo observa de abajo hacia arriba con fijo ojo de reconciliación nacional mientras por dentro ríe a carcajadas de los productos que acaba de seleccionar su cliente. ¡Ja!, pensal que Estado no pelmitil vendel estos dos ploductos, ¡jaja! -Son $4,50, ¿algo más va a lleval?
-No nipón, eso sel tolo.
-¡Nipón no, malayo, yo sel malayo!
-Sí, sí, se´igual. Quédate con el cambio.
Le da todo el dinero que posee (un billete de $4,50), toma sus cosas y se retira. En la puerta se cruza con un hombre vestido completamente de tenis, cruzan miradas de asco y continúa cada uno con su camino.
Llega a su casa y se pone en campaña para darle una gran sorpresa a su madre, deposita la pava con gran cuidado en la hornalla y espera que hierva el agua, limpia el mate de sus añejas telarañas y quita el cartel de: Sólo usar en presencia de Juan Antonio Francisco Quevedo de Molina Reyes Hijo Segundo.
-Actorcito de novelas- Osvaldo declara envidioso.
-¡Boludo, no hables solo!- de esta forma la madre entra en la cocina, sonríe de orgullo por su hijo que al parecer ha realizado lo que le fue encomendado, y para comprobarlo toma las bolsas de las compras, agarra los amaretis y comienza a buscar la botella de 2,250 litros de gaseosa. Obviamente no la encuentra, así que no solo el agua está tomando temperatura, piensa en tranquilizarse y darle una oportunidad a su primogénito, al fin y al cabo ella también es culpable de su subnormalidad.
-Osvaldo, hijo querido, decile a mamita donde está el mocollinye estra larje.
-Ova mamá, decime Ova.
La mujer boquiabierta se queda mirando a su hijo lamentándose por haberlo enviado de chico a tantos programas infantiles y al grito de:-¡RETRASADO!, ¿DÓNDE ESTA EL JUGO?- reacciona y se pone en posición de ataque.
-Está ahí, mamita.
Se escucha sonido hervor, aunque no se puede definir si proviene del agua o de Teodosia. Osvaldo ríe disimuladamente como niño pequeño, toma la pava y apaga el fuego mientras piensa: Hoy le doy una buena sorpresa.
Teodosia encuentra por fin los jugos reconociendo el refresco tailandés y una ira desenfrenada le generan arrojarle con gran potencia un sobre al rostro de su hijo. Osvaldo se da vuelta con la pava caliente, el mate preparado y una enorme sonrisa por hacer un buen trabajo; lamentablemente no terminó siendo tan buen trabajo pues el sobre se estrella en su enorme sonrisa, se desliza borrando su alegría y dejando un perfecto rectángulo colorado.
-IMBÉCIL, ¿QUÉ HICISTE CON LA PLATA?
-Compre yerba, ma.
-¡¿YERBA?! ¡TE PUSE MUY CLARO QUE NO DEBÍAS COMPRAR YERBA, DESCEREBRADO! ¿Qué carajo voy a hacer con vos, te destruyo o te dejo ser un completo idiota?
-No mamá, no me mates-a Osvaldo le pasan todos los maltratos recibidos por delante de sus ojos (Golpe circular ascendente con cacerola de acero inoxidable, Bajada brusca de la tapa del inodoro durante el proceso de orines, Cargada general por gol de Tigre en ultimo momento, Traicionera declaración de amor a su compañerita de segundo grado; recuerdos y más recuerdos infantiles con música de los 80´).
-Y ahora pelotudo ¿qué llevo a lo de la Yolanda?- La señora interrumpe el momento de Los años maravillosos.
-Juguito Kang. El nipón me dijo que es muy bueno- se defiende Osvaldo con las palmas levantadas.
(Letritas blancas al costado de su pantalla: Mientras tanto en el supermercado Malayo-argentino.)
Francis siente un escozor por la espalda y para aplacarlo grita:
-NIPÓN NO, MALAYO, soy malayo, ¡indio de mielda!-Francis detiene su furia al observar a dos morrinsonistas entrar y los increpa:-¡Buuh a Mollison! ¡Yo sel de Akila Kulosawa! ¡Lashomon mollones!
(De regreso en la cocina de Teodosia.)
-¡Juguito Kang, bueno para nada! No te pego porque me desarreglo y al Rolo sólo le gustan las mujeres que son femeninas. Pero vos seguí con tu comportamiento infradotado que cada vez te pareces más a tu padre y lamentablemente como él vas a terminar (el papá de Osvaldo pronostica el tiempo en un conocido noticiero y próximamente piensan ascenderlo a columnista deportivo). ¡Cómo le pude dar mi flor a tremendo flor de tarambana!
Totalmente resignada de quien considera anárquico de cerebro toma los sobres de jugo, los amaretis y arreglándose la coiffeur hogareña se retira reputeando del hogar. Osvaldo que aun conserva el perfecto rectángulo colorado del atentado contra su vida permanece de pie con la pava en una mano y el mate en la otra.
-El mate no lo voy a tirar- se dice y prepara un amargo bien cargado, duda un poco, pero termina consumiendo la bebida gauchesca.-¡Mmm, está bueno! No es fernes pero igual está bueno.
Prende el estéreo y comienzan a sonar los elaborados riffs de Yerba Mala, se pone de pie y empieza a moverse al ritmo del cachengue mientras uno tras otro se clava los mates. Después de 10 minutos de infusiones y cumbia-pop-bailable a todo gas, se siente exhausto, se recuesta en su silla y empieza a hojear Deportivo Morón Magasin. Detiene la vista en la última entrevista a Néstor "tanque" Cannevare (ídolo de los años de oro del gallo.) y a pesar de sentir adoración hacia las fotitos se esfuerza dándole una posibilidad a la literatura. De un instante a otro, su vista se empieza a nublar y su cuerpo con completa libertad comienza a realizar excéntricos comportamientos. Su cerebro al sentir que pierde autoridad frente al cuerpo toma valor y demuestra su superioridad preguntándole al gato:
-Bilardo, ¿qué me´ta pasando?
El minino roza seductoramente su garra por la cabeza arreglándose el pelaje, se toma su tiempo con poses actorales y sabiamente contesta:
-Los aminohidroargentoaldehidos están generando una reacción en cadena en...
De pronto interrumpe el ruido de la puerta. Alguien ha entrado en la cocina. Es un hombre de 54 años con el pelo engominado, la camiseta con bolsillo y el escudo de Deportivo Morón, un pantaloncito corto resaltador de glúteos, medias hasta sus rodillas de lupus y unos viejos botines Balonpiecito. Osvaldo mira al sujeto y luego busca complicidad en Bilardo. El gato levanta sus garras delanteras demostrando ignorancia frente al desconocido intruso y se da a la huida. El joven observa la soledad en la que se encuentra frente a su paranoia, intensifica el valor de su mente y pregunta:
-¿Quién carajo es usted?
El extraño permanece inmutable, no dice palabra alguna, sólo observa esperando algo. Pasan los minutos ojeándose las caras sin decir nada, hasta que el joven baja la vista hacia la revista. El tipo que tiene enfrente es de similar aspecto al protagonista de la nota.
-¡¿Tanque?!
El hombre se arrodilla y levanta un dedo hacia el cielo.
-¡Boludo, vos sos el tanque Cannevare!
-No si voy a ser el "Coyita" Gutiérrez. Claro que soy el "tanque", para vos señor "tanque"
-El señor "tanque", ¡boludo!, tengo al señor "tanque" en la cocina de mi vieja.
-Flaquito, somos personas grandes, no podes estar expresándote de esa forma. Vamos a tener que hacer algo con tu habla-chasquea sus dedos y aparece un pizarrón, una mano le acerca un guardapolvo, se lo pone y escribe mientras lee en voz alta.
-Mi nombre es Néstor Cannevare, tú me puedes decir señor "tanque", maestro "tanque" o también sensei "tanque".
-¿Señorita?
-¡Silencio! -ordena el hombre.
-Silencio no vino.
-Vos, al rincón... ¡No!, mejor no, tú eres mi único alumno. Quédate donde estás y no digas una palabra más.
-¿Puedo ir al baño? E´te mate es bueno.
-No, no podes hablar hasta que yo te lo diga. ¿En que estábamos?... ¡Ah!..., ya me acuerdo, escúchame Osvaldo...
-¡Ova!
-¿Qué Ova, ni Ova?-estalla "el tanque"-Tu nombre es Osvaldo y así te voy a llamar. Por favor, no me interrumpas más, flaco.
-Perdón sensei "tanque"
-Cómo decía, tú ya estás grande para decir boludo así alegremente por la vida, se dice hombre de testículos desproporcionados.
-¡Aaah!- el alumno abre la boca y deja caer un hilo de fluido bucal.
El ex-jugador escribe en el pizarrón por horas mientras el aspecto de Osvaldo cambia proporcionalmente a los datos absorbidos: el hilo de baba regresa a su boca y ésta se cierra delicadamente, su mirada comienza a semejarse a la de una persona respetable, su postura primate se endereza, los brazos cobran vida se rectifican y se cruzan en el pecho, su barba empieza a desaparecer entre su maquillada y suavizada piel, su dirty-afro se peina con raya al medio y así permanece por la ayuda de una gomina que aparece lisérgicamente. Su casaca de Morón se convierte en camisa blanca y corbata roja, su pantalón hard-cumbia es ahora un pantalón de corderoy negro achupinado y sus viejas Torppes se transforman en dos hermosos mocasines color caqui.
Cannevare termina su cátedra con las lecciones de literatura rioplatense del siglo XXI, posiciones de ataque del fútbol italiano, actividades manuales bajo profundidades marítimas e ingeniería de molinos en espacios lunares. Osvaldo abre la boca para hacer un par de observaciones y su forma de expresión es completamente diferente, su lenguaje se refinó de tal forma que la mismísima condesa de Chicoff Buarque se aproxima a la cocina de Teodosia y aplaude operisticamente la retórica del alumno.
El tanque descubriendo la finalización de su encomienda toma a la condesa del brazo y cuando ambos se disponen a retirarse el muchacho interrumpe:
-¿Sensei "tanque"?
-Ya no soy más tu sensei, ahora soy tu igual. Has aprendido todo lo que yo te puedo enseñar pequeño polluelo, es hora de que me retire a educar a otro inferior- victorioso da media vuelta y chasquea los dedos. La misma mano que le alcanzó el guardapolvo ahora le da un libro, lo arroja sobre la mesa.
-¿Nos vamos "Tanque" querido?-pregunta la condesa
-Nos vamos. Adiós muchacho y siempre recuerda: "Si el tigre está con la boca abierta, no es para que picotees dentro. Cacarea realmente fuerte y por precaución el tigre se mantendrá lejos"
Osvaldo se queda mirando el libro donde aparece su profesor vestido con un traje blanco, la camiseta de Morón, un balón en una mano y una faja de billete en la otra. El titulo del libro:
-LIBRO DE AUTOAYUDA-
"Como ser presidente del Gallito"
Autor Néstor "tanque" Cannevare o Yo
Siempre que voy por la calle, la gente me reconoce y me preguntan: Tanque, ¿cómo hago para ser presidente de Morón? Yo prendo mi pipa, le doy una profunda pitada e inteligentemente contesto: Es más fácil de lo que tú piensas, sólo tienes que presentarte con tu lista y si obtienes mayor cantidad de votos que tus contrincantes se te puede llamar presidente del gallito. Recuerda las elecciones son cada cuatro años, si no es en ésta será en la próxima.
(Final y las personas exigen la devolución de su entrada.)

